Publicidades Argentinas


     Una chabona está charlando con un hombre en una playa, (vaya uno saber dónde, aunque posteriormente esta publicidad de chicles carezca cohesión, por la pronunciación de la chabona, parecen ser porteños) sobre la vida en el mar y lo mucho que sabe y le preocupa. Podríamos decirle chabón al “un hombre” pero perdería remate la crónica. Digo en este sentido, chabona y no mujer o mina, porque esta publicidad invirtió los roles que suele ocupar el pensamiento de las actitudes seductoras de un hombre en la sociedad actual. El de chamuyero. El de la frase sexista “El hombre propone y la mujer dispone”. La chabona chamuya diciendo saber que conoce a las ballenas de punta a punta y las defiende a morir. De alguna forma irónica, para hacer reír al consumidor, aparece una ballena en la orilla del mar con problemas para regresar al agua. Los registros recientes indican que solo hay ballenas en puerto madero y de tres metros. La ballena que aparece en la orilla de alguna costa oceánica porteña, es más grande que dos camiones.

La chabona, que mentía sobre lo mucho decía conocer sobre la vida de estos mamíferos acuáticos, se avergüenza de no saber qué hacer e intenta hacer un “chamuyisidio”, verbo creado por la compañía de chicles que consiste en intentar de realizar lo que presumías aunque sabía que nunca te saldría (al menos no bien). La chabona detiene los alientos absurdos de ánimo al animal. Levanta la mirada. Llena de orgullo sus pulmones. Muestra la barra de chicles, la parte con mucha experiencia. Se lo mete en la boca y no mastica el chicle. Se acerca al hombre y expresa: “No soy salvadora de ballenas. Pero no dejemos que este amor se extinga”. Retumba música épica, se chapan, y ahora vuelvan a cambiar roles. Muestran al chabón sometiendo delicadamente, agarrándole la cara con ambas manos a la mujer. Termina con la voz del relator diciendo: “Topline. Seguí la línea de tu frescura”. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario