La fila tardaba en
avanzar. Venía escuchando la conversación de un grupo de amigos desde que me
pare en el final de la cola. Me reía en voz baja de sus comentarios para no
quedar como un boludo. Me arrepentí de no haberle insistido más a mis amigos
para que me acompañen. Cuando recordé eso, cruzó otro recuerdo que había
sucedido minutos antes. Estoy caminando por el Parque Centenario. Lamentando no
haberme levantado temprano ese viernes pasado para ir a buscar la entrada de la
Red Bull. No encuentro la fila para entrar al anfiteatro lo que me está
preocupando. Pego la vuelta, porque quizá me había equivocado de calle. Camino
casi trotando diez minutos más. Y me doy cuenta de que me volví a equivocar de
lado. Vuelvo. Me encuentro con el final de la fila y doy comienzo a la búsqueda
de un revendedor de entradas. Me cruzo con “Kusa”, un freestyler re de la
escena que respeto y me agrada. Está vendiendo una entrada. Dejo que me pase
por dos metros y lo llamo en voz alta: “Eh Kusa”.
-“¿Qué onda papá?” me dice.
-“¿A cuánto la vendes?” pregunto mirándolo a los ojos.
-“¿Cuánto tenés?”.
-“Hasta 100 llego”
(La entrada originalmente se retiraba con un alimento no perecedero en el Parque Centenario de 7 a 17 de la tarde).
-“¿Qué onda papá?” me dice.
-“¿A cuánto la vendes?” pregunto mirándolo a los ojos.
-“¿Cuánto tenés?”.
-“Hasta 100 llego”
(La entrada originalmente se retiraba con un alimento no perecedero en el Parque Centenario de 7 a 17 de la tarde).
Tratando de disuadirme dice: “Y mirá, recién allá me ofrecieron 90, el pibito me dijo que le deje 10 para la birra y bueno…”. Una señora nos interrumpe pasando entre medio de los dos con un changuito y me da unos segundos para pensar una buena respuesta de regateo. No quería gastar 100 pesos en un “paquete de fideos”. Él vuelve a hablar y me dice: “Lo que tengas está bien. 50, 60p”. Tenía solo un billete de 100. Le pregunto si podía ver la entrada. Me la dá. Me remarca el logo oficial de “Red Bull Batallas de Los Gallos” en la punta de la misma. Mientras la miro exclama: “Es original. Mirá, si querés, te paso la mía”. Levanta una rodilla y saca una entrada de su media. (Por alguna razón, su pantalón largo y ancho, no tenía bolsillos). Le pregunté si podía confiar en él y me dice que yo lo conocía. Que si no entro, que lo escrache por todos los videos. Tomo de mi bolsillo los 100 pesos y se los doy diciendo: “Te tiro 100 por la buena onda”. A lo que me responde: “Uh perro, te re portaste. Muchas gracias”.
Reflexioné en ese instante que era un gil por pagar 100 pesos, pero uno que entraba a la Red Bull. Me sigo riendo de lo que hablan los chicos que están detrás mio. Uno de ellos comenta casi cuando estábamos llegando a la entrada: “Tengo ganas de hacer la fila de vuelta”. Toma un trago de cerveza. Remata: “Ah le pintaba esa. Nada que ver”. No soy el único que no es de su grupo de amigos que se ríe.
Por fin en la
puerta, los organizadores piden en voz alta que tengamos la entrada en la mano.
Avanzamos todos casi a las corridas porque estaba empezando y todavía estábamos
afuera. Escuché los gritos del presentador, cualidad característica de él. Pasé
por los tres controles y empecé a correr. Llegué al anfiteatro, y estaba lleno.
Me quedé inmóvil en el primer espacio que encontré.
El presentador de traje empieza con su frase “¿Están listos?”. Solo veía gorras en las escalinatas y asientos. Todos responden con un “sí” rotundo. Vuelve a preguntar si estamos listos pero esta vez más fuerte. Afirmaron todos gritando con la misma intensidad. Anunció la primera batalla de inmediato. Todas estas exclamaciones sosteniendo la última silaba. “Que se acerque al escenario Papo”. Toma una pausa y anuncia al segundo rapero. “Que venga Cober”.
Los competidores se saludan
acariciando palmas y chocando puños. Papo pide que la gente haga ruido a lo que
le hacen caso. Misionero, el presentador, pregunta y volverá a preguntar muchas
veces más si estamos listos. Todos gritamos que sí. Él da comienzo a la batalla
gritando tiempo. Empieza a sonar la instrumental. Todas esas viseras, gorros,
remeras largas y manos moviéndose al unísono de arriba hacia abajo. Comienza
Papo diciendo: “Manos arriba que tengo lo necesario, para en esta tarde
convertirme en mercenario. Hoy el marplatense va a matar a este corsario y
enterrar su cuerpo muerto en el Parque Centenario”. Todo el público grita la
primer rima de la noche. Papo continua atacando a su adversario: “Que bueno que
hay una medalla para el campeón porque con esa caderita no le entraba el
cinturón”. El público vuelve a gritar. Termina su minuto para rimar y es el
turno de Cober. Comienza con: “Vine a dejarte un complejo, no vas a ver ningún
reflejo. Todos los skilles donde dice gordo se los escribió pero mirándose al
espejo”. Responde y lo vuelve a hacer cuando dice: “En la primera saco, te das
cuenta que ya tu flow no suena grato. Sos alto aparato. Me dice gordo como si
él fuera flaco”.
En un show donde se rima pero se
ataca el orgullo del otro constantemente ¿Puede generar una pelea? Sí, si
puede. Pero los raperos respetan tanto la cultura hip hop que no se atreven a
mancharla. Algunos otros, con temperamento menos equilibrado, arremeten con
conductas violentas contra cualquiera pero sin irse al extremo. Papo y Cober
protagonizaron una disputa física, muy leve, en la noche. El marplatence le
acotó unas rimas que lo involucrarían al otro competidor en una organizacion a
la cual el no pertenece. En su minuto, Cober, empezó a improvizar y Papo lo
confronta poniéndose en frente de él. Este lo empuja con violencia y el
presentador corre a calmarlos. No pasó de allí. Cober pierde en primera ronda,
después de un desempate (denominados “replicas”). Defraudado de los hechos,
desaparece de la vista del público.

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