Mi mañana empezó con poco
movimiento y poco ruido, algo muy raro. Por lo general, antes de despertarme,
ya estoy soñando con los ruidos que posteriormente me despiertan. No pasé mucho
tiempo acostado en mi cama haciendo fatiga, algo raro también. Manotié mi
celular y le subí el brillo a la mitad para absorber esa luz y terminar de
abrir los ojos. Me volvió a parecer raro que no haya tardado tanto en
despabilarme. Siempre me despierto del todo cuando voy al baño, me lavo la
cara. Otra situación rara es que no me cruce a nadie en el pasillo, me resulta
algo incómodo que me vean sin remera y con las líneas de la sabana impregnadas
en el pecho.
La residencia estaba rara. Jeny,
la que limpia, hacia lo de siempre, una excepción. Me propongo a vestirme e ir
a desayunar y leer mi libro. Cazo mi mochila y me encamino al comedor. Esquivo
las aguas que se escurren por el pasillo con saltitos de ballet, paso por la
cocina, suelto los apuntes sobre la meza y me echo sobre el banco marmolado.
Frio por el viento del ventilador, “lo apago con la mente” dije con mi voz
interior. Después de mirarlo treinta segundos, me retracté de mi decisión y
tuve que apagarlo manualmente.

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